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Un número que dice lo que no sabe

Voz del autortgdoppelganger Cómo se escribió esto. Lo redacté con Claude usando la skill que reconstruye mi voz a partir de mis propios textos: por eso suena a mí, y por eso lo digo. El método que describe es mío y lo apliqué yo. No lleva marcado frase por frase, y prefiero explicar la ausencia antes que rellenarla: la convención pide marcar mientras se escribe, porque después nadie se acuerda de quién dijo qué. No conservé el registro de esa sesión, y marcar ahora sería adivinar y atribuirme frases que quizá no son mías. La declaración de arriba es todo lo que puedo sostener. powered by weid

Por qué un rango con piso en cero es más honesto que un puntaje de 68, y qué hay que exigirle a una fuente para dejarla entrar.


Hay una pregunta que a todo el que dirige algo se la hicieron este año, casi siempre en una reunión y casi siempre sin evidencia detrás: cuánto de lo que hacemos lo va a hacer una máquina. Y hay una industria entera contestándola con un puntaje. Tu empresa saca 68 de 100 en preparación para la IA. Tu sector está 41% expuesto.

El problema de esos números no es que estén mal. Es que no se puede saber si están mal, y esa es una propiedad peor. Un puntaje no dice de dónde salió, no dice qué lo cambiaría, y sobre todo no distingue entre «medimos y da bajo» y «no encontramos nada». Las dos cosas salen del modelo como el mismo número tranquilizador.

Lo que sigue es la vara que uso para no producir uno de esos.

Primero: la unidad no es la empresa, ni el cargo. Es la tarea.

Un abogado no es sustituible ni insustituible. Un abogado hace, digamos, cinco cosas: recibe una consulta y la orienta, junta documentos, redacta escritos, negocia con la contraparte y comparece. Esas cinco cosas se comportan de manera completamente distinta frente a una máquina, y promediarlas en «el abogado» destruye toda la información que había.

Así que la unidad de análisis es la tarea, y una línea de negocio es un reparto de horas entre tres y seis tareas. El número de la línea es la suma ponderada de sus tareas, y nada más.

Esto suena obvio hasta que uno mira lo que se publica: casi todo se reporta por ocupación o por sector, que son exactamente los dos niveles donde el promedio ya se comió el dato.

Segundo: qué tiene que acreditar una fuente

Acá está el corazón, y es una distinción de tres partes que en la conversación pública aparece colapsada en una sola. Cuando alguien dice «hay evidencia de que la IA hace esto», puede estar diciendo tres cosas muy distintas:

Existencia. Hay un producto que dice hacer esta tarea. Tiene nombre, tiene precio, tiene una página con funciones documentadas. Es lo más fácil de encontrar y lo más fácil de confundir con las otras dos.

Despliegue. Alguien lo está usando en producción, en un negocio como el tuyo, y eso lo verifica un tercero que no es el proveedor. No una nota de prensa del proveedor: un tercero.

Calidad comparable. Hace la tarea a un nivel comparable al de quien la hace hoy, y eso está medido por alguien con interés independiente.

Las tres son escalones, y cada uno sostiene una afirmación distinta. La existencia sostiene «esto podría pasar». El despliegue sostiene «esto está pasando en otros lados». La calidad comparable —y solo ella— sostiene «esto ya reemplaza el trabajo que estás pagando».

A eso se le cruza un segundo eje, la procedencia: si el dato viene del proveedor que vende la herramienta, de un medio que reproduce su nota de prensa, o de alguien sin nada que ganar. Una fuente de calidad comparable escrita por el vendedor no acredita calidad comparable. Acredita entusiasmo.

Tercero: el rango, y por qué su piso puede ser cero

De ahí sale un rango y no un punto:

  • El piso es lo que está sustituido hoy: solo entran las tareas donde una fuente independiente acreditó calidad comparable.
  • El techo suma lo que está identificado a doce o veinticuatro meses.

Cuando el piso es cero, el número dice algo muy específico, y conviene decirlo entero porque se malinterpreta en las dos direcciones:

Un rango con piso cero no dice «no ha pasado nada». Dice «nadie ha publicado cuánto ya pasó».

Son cosas distintas y la diferencia es toda la honestidad del método. El trabajo puede estar desplazándose ahora mismo; lo que no hay es una fuente que lo acredite. Un puntaje colapsa esa diferencia y devuelve calma. Un rango con piso cero devuelve la incomodidad correcta.

Lo mismo pasa con el orden entre líneas. Si dos líneas tienen pisos en cero, decir «esta está más expuesta que aquella» es usar un número que el propio método declara no ordenable. Un ranking se ve más decidido y por eso vende mejor; también es donde se cuela la mayor parte de la ficción.

Cuarto: no saber tiene cuatro formas, no una

«No determinado» es la casilla donde se esconde la pereza. Así que se parte en cuatro, y hay que decir en cuál cae cada tarea:

DestinoQué significaQué exige
Dato internoLo sabe el negocio, no lo sabe nadie másLa pregunta exacta, la unidad y quién la contesta
Buscado y no encontradoSe buscó y no estáLas búsquedas que se hicieron, en los idiomas que se hicieron
Fuente pública no consultadaExiste y no se abrióCuál es, y por qué no se abrió
Nadie lo sabeLa afirmación fuerteAdemás, un argumento de por qué ese dato no existiría

La cuarta es la que casi nunca corresponde y casi siempre se usa. «Nadie sabe» es una afirmación sobre el estado del mundo, no sobre el estado de tu búsqueda.

Quinto: dos reglas que cambian el número más de lo que uno esperaría

Quién opera la herramienta. Que exista una herramienta que hace tu tarea no significa que te esté sustituyendo a ti. Puede operarla tu proveedor, tu propio cliente, o un tercero del ecosistema — un organismo público, un intermediario. Solo cuenta como sustitución si la opera el negocio que estamos midiendo. Sin esta regla, la herramienta mejor documentada de un mercado infla el número de todos los que la rodean sin tocarles el trabajo.

Una norma protege la tarea, o solo la firma. Esta es la que más veces se aplica mal, y las dos caras conviven en el mismo oficio. Si la ley exige que una persona habilitada esté presente en un acto irrepetible, la norma protege la tarea: esa tarea sale del rango. Si la ley exige que alguien firme y responda, pero no dice nada sobre quién produjo el contenido, la norma protege la acreditación: la tarea se queda dentro del rango, porque nada impide que la haga una máquina y una persona la firme.

Confundirlas convierte cualquier profesión regulada en un refugio, y no lo es. La regulación protege mucho menos trabajo del que la gente supone; lo que protege, casi siempre, es quién responde cuando algo sale mal.

Lo que este número no es

No es una predicción. Es un inventario de qué se puede acreditar hoy sobre tu trabajo, con la procedencia de cada afirmación, y con las casillas vacías declaradas como vacías.

Sirve para una sola cosa, que es la que importa: tomar una decisión que estaba trabada, y poder mostrar en qué se apoyó. Si mañana aparece una medición que mueve una celda, la decisión se vuelve a mirar y queda escrito qué cambió. Eso es más de lo que puede hacer un 68 sobre 100, que no tiene cómo estar equivocado porque no tiene cómo ser revisado.


Segunda parte: qué pasó cuando corrí esta vara sobre dos mercados completos — cuarenta tareas, y cuántas la pasaron.

Este ensayo describe el método de Blaeind, donde lo ofrezco como servicio. Los ejemplos de tareas son ilustrativos; el caso completo, con su etiqueta de qué es real y qué no, está publicado ahí.