Prefacio

Ser lo que somos y aceptarnos, requiere coraje. Coraje para sacarnos el velo y mirar realmente quién o qué es ése que es.

Seguro, evidenciamos cómo nuestra persona se va apoderando de nuestra existencia. Sin embargo, esa existencia por sí sola, llamada consciencia o ser puro, alejada de todo el ruido, es la que habita libre dentro de la ilusión de nuestra realidad.

Gran parte del tiempo identificada con el cuerpo y la “materialidad” de nuestras percepciones, nos impide el goce y el disfrute de una experiencia desprovista del apego.

No es coincidencia que una de los grandes cuestionamientos del ser humano sea la existencia y lo que eso significa.

En este pequeño compendio de escritos, me refiero a estas interrogantes “personales” que han invadido mi curiosidad. Asombrado con las nuevas tecnologías y su impacto en nuestras rutinas; la realización de que somos tan solo una parte  de una grandiosa virtualización de la existencia que se manifiesta en tan solo cinco pulgadas, pero que su a vez tiene un correlato en la “realidad” a través de nuestras sensaciones y sentidos.

Somos una maquinaria perfecta. Una programación asombrosa que nos reconoce el derecho a elegir. No obstante, creemos en nuestras limitaciones “personales” más que en nuestra esencia. Ésa, que escondemos tras el velo y que simplemente es.