Considero que parte del cambio que tenemos que hacer como país es definir un límite a la ganancia.

¿Es necesaria una casa en la playa, un fundo, cuatro autos y un montón de otras cosas?

Hoy en día, amigos y conocidos pueden llegan a tener diez departamentos cada uno. Burlando al sistema a través de empresas que te lo permiten. A mi juicio, ellos: “ganaron su juego” y creo que eso debiese ser el principio del cambio. A la larga, ¿de qué te sirve tener tanto de más?

El argumento que muchos me han dado cuando planteo esta idea (que no es mía, by the way) es que no habría incentivo para correr los riesgos. Y yo me pregunto, ¿no es suficiente incentivo ocho departamentos, un sueldo de cinco o seis millones de pesos al mes, más retiros, en caso de ser empresarios? Muy por el contrario, considero que el gran incentivo sería tener más tiempo. Pero eso, es harina de otro costal.

Para los que puedan leer esto como que fuese un resentido, les cuento: provengo de una familia que, en general, ha tenido un excelente pasar. Pertenezco al 5% del país. Mi familia extendida tiene integrantes que han ganado mucho dinero; podría considerarlos millonarios ¡en serio!. También estudié en un colegio bilingüe y me “eduqué” en una universidad privada. He vivido rodeado de privilegios en un país que ha sido abusado social y económicamente durante años. Actualmente, trabajo en la empresa familiar y mi familia nuclear, también, ganó el juego. Sin casa en la playa, pero con varios autos, una casa con patio, retiros de utilidades, y alguna que otra inversión.

Quizás todo esto que escribo pareciera ser lo opuesto a lo que debiese escribir un “Ingeniero Comercial” y eso también es un problema. En ningún ramo, durante los 5 años que estuve en la carrera -curioso concepto y parte del problema-, se habló de sostenibilidad y futuro. Siempre se acotó a que la empresa fuese rentable, sin importar las consecuencias. Para ser justos, se mencionó que existía un ramo electivo llamado Responsabilidad Social Empresarial.

Vivimos en un planeta finito, contamos con una vida finita y con un tiempo acotado. No obstante, lo único que parece no tener limites es la capacidad de hacer dinero. Las leyes en Chile son echas a la medida por congresistas y diputados corrompidos por un tipo de hambre específico; la necesidad de agotar hasta la última posibilidad, o como lo dijo un senador, conseguir el raspao’ de la olla.

Es por todo lo anterior que, considero que lo mínimo necesario para solucionar esto es lo siguiente:

  1. Nueva Constitución
  2. Asamblea constituyente.
  3. Economía Social de Mercado.
  4. Estado de Bienestar.
  5. Altos impuestos, pero altos de verdad.
  6. Educación de calidad (es decir, que nos permita proyectarnos hacia el futuro) y gratuita en todos los niveles.
    1. Inglés obligatorio.
    2. Programación y ciencias de la computación obligatoria.
    3. Finanzas Personales obligatoria.
    4. Espiritualidad obligatoria.
    5. Meditación obligatoria.
    6. Y un largo etc.
  7. Aumentar el tamaño y mejorar la eficiencia del Estado.
  8. Otro largo etc.

Participar del proceso de desarrollo de las nuevas generaciones es tarea de todos. Y, hoy en día, son los súper-ricos (y los no tanto) los llamados a financiarlo. Muchos utilizarán el argumento de que lo hacen a través de sus impuestos. Sin embargo, todos sabemos que eso no es así.

Por último, si es que tanto les importa ganar, quédense con esto; ¡ya ganaron!

Pero como alguna vez leí por ahí, la felicidad es solo real cuando es compartida y el planeta y Chile los necesita desde un nuevo lugar.

Recordé que cuando niño yo juzgaba mis pensamientos entre buenos y malos. Y, los ubicaba mentalmente en algunas de estas dos categorías.

Cuando eres niño o niña, lo bueno y malo son un mapa, “relativamente”, decente de la realidad. Además, son las palabras más pronunciadas por nuestros padres, en la versión binaria del Si y el No.

Hoy, y a modo de autocrítica, es parte de mi responsabilidad, como humano, ampliar esa polaridad. Integrar e incorporar (pasar por el cuerpo) los matices.

Lamentablemente -a mi juicio-, en la política, los negocios, las conversaciones y tantas otras “actividades” vitales para la comunidad, en Chile y en el mundo, aún estamos en lo binario, sin matices.

Debemos madurar, incorporar y accionar; y para eso, tenemos la obligación de descubrir, estudiar y, por sobre todo, escuchar. Escuchar, no necesariamente para responder, sino que para profundizar nuestros aprendizajes experienciales y posibilitar la creación de vínculos de #confianza que nos permitan volver a #dialogar y #empatizar.

Todo lo que he leído, aprendido y escuchado sobre emprendimiento, negocios y equipos ordenado en cuatro puntos.

Este escrito nació de mi necesidad de aglutinar todo el conocimiento que he logrado acumular en más de 10 años de estudio y mostrar cómo puedo apoyar y acompañar a los distintos emprendedores y empresas, mediante la aplicación de este contenido.

1. Diagnóstico, Intereses y Drivers

Diagrama creado por Tomás Gauthier, Gather.Company Framework.

Para llevar a cabo cualquier proceso de transformación, es necesario establecer un punto de partida. Además de lo anterior, identificar los intereses y motivadores que subyacen.

The Gather.Company Framework, utiliza el modelo de la Ontología del Lenguaje para establecer el observador actual que están siendo cada uno de los integrantes del equipo. Esto nos llevará a definir estados de ánimo, disposiciones al movimiento, juicios maestros, entre otros y determinar cómo afectan en el diario vivir en la organización.

A su vez, lo anterior nos permitirá establecer el contexto en el cual se desenvuelve el equipo, las potencialidades y oportunidades de mejora que se presentan.

2. Transformación Individual y de Equipo

Diagrama creado por Tomás Gauthier, The Gather.Compay Framework.

La transformación ocurre de inmediato. Al momento de integrarnos como grupo y establecer relaciones, se generan cambios muy poderosos.

A partir de lo anterior, es que en esta etapa compararemos el baseline con lo obtenido en el proceso. Afinaremos detalles y comprenderemos que la transformación, en tanto incorporamos al SER al contexto organizacional, era inevitable.

Mediremos el impacto, definiremos los pasos a seguir y estableceremos las medidas de corrección y control, basados en el diseño de acciones.

Este proceso será continuo. Amplificaremos el impacto y llevaremos lo aprendido al resto de nuestros colaboradores.

Seremos el cambio.

3. Diseño de Acciones y Actividades

Diagrama creado por Tomás Gauthier, The Gather.Company Framework.

En la etapa de diseño de acciones, definiremos el marco para la creación de las nuevas acciones y actividades disponibles, a partir, de la incorporación de quiénes son los integrantes de los equipos.

Este es un paso importantísimo en la estructuración de un “nuevo” equipo de trabajo. Al ser un sistema, cada uno de los integrantes es parte fundamental -con sus habilidades y deficiencias-.

Las acciones y actividades, serán el vehículo para materializar, manifestar y experimentar con las nuevas posibilidades, para finalmente medir y controlar las mejoras logradas en la gestión.

4. Modelo de Desarrollo de Negocios

Metodología Lean Startup, Eric Ries. Diagrama creado por Tomás Gauthier, The Gather.Company Framework.

En la etapa de salida al mercado y desarrollo de negocios, es necesario, luego de todo el proceso de descubrimiento del ser, desarrollo individual y diseño de actividades, descubrir y validar a nuestros clientes. Lo anterior con el objetivo de establecer los parámetros básicos de relacionamiento.

Este proceso es vital para la sostenibilidad de cualquier proyecto como negocio.

Utilizando el modelo LEAN para Startups, entendemos que Construir, Medir y Aprender de las experiencias con los clientes es esencial para generar vínculos y finalmente, Gather Company o convocar compañía.

Finalmente, si unimos todas las partes, obtenemos un modelo que nos da luces respecto a los elementos centrales en cuanto a la realización de un nuevo emprendimiento.

Es a través de lo anterior que, The Gather.Company Framework puede ayudarte a utilizar tu propio potencial y así mejorar tu desempeño y el de tu equipo.

The Gather.Company Framework

¡Importante! No hay referencias explícitas a ciertos autores y/o modelos, salvo LEAN Startup de Eric Ries. Cabe destacar que la Ontología del Lenguaje se utiliza en torno al Coaching Ontológico y el concepto de Design Thinking lo utilizo para reflejar pensamiento fuera de lo común al momento de realizar actividades de creación, definición y planificación.

No me atribuyo la creación de ninguno de estos modelos; esto es solo un nuevo ordenamiento.


Volví a caer, en mi fondo. Sin encontrar respuestas. Teniendo más incertidumbres que preguntas. Me he paseado por los lugares más inhóspitos de mi mente, para darme cuenta de que es esa la que escucha, pero también la que hiere.

He sido testigo de mis malas decisiones y de mis cuestionamientos infinitos ante la fealdad de mi yo interno. Me ha sido imposible trascenderme y todo esto, porque pensé que la única solución a todo aquello que nos estás pasando es… quedarse sin vida.

Envuelto en una suerte de historia romántica sobre el devenir del universo y la fantasía de ser un héroe; no encontré un argumento más potente para llevar a cabo el termino de mi antigua vida, que una pandemia.

Al escribirlo, me hace sentir como si este minuto exacto ya hubiese transcurrido años atrás. En el silencio de mi soledad. Tantas ideas extrañas y pasajeras que no han dado fruto, pero otras han castigado mi paz, creyendo en un futuro feliz que tampoco existió.

Brindando por el lujo de tener que comer y beber, donde dormir y fijandome en esa mierda de felicidad de las redes sociales, he tergiversado mi apariencia y mis actos, como un puto actor de teleserie.

Miro a la cámara y sonrío, creyéndome el personaje principal de una historia que transcurre fuera de mí. Sin prestigio ni sapiencia. Para luego, volver a mi hogar, saludar a mi señora y mi perra y seguir adelante. Día tras día, sin mediar consuelo y sin prever lo que vendría.

He comido bastante en restaurantes, he viajado con mi familia y he conocido lugares preciosos. Todo con dinero de la explotación y las manipulaciones mundanas del empresariado con tal de sentirse mejor consigo mismo. Y, a la vez, yo por mi parte, transformándome en un cínico sin perdón.

Desde pequeño soñé con ser famoso y parecerme a los animadores de la televisión. Todo por el aplauso y el reconocimientos de la gente. Sin ello, pareciera que no existo.

Del camino blanco sin calles ni edificios; ese espacio en la matrix donde todo es potencialidad, pero básicamente, no hay nada. Es un software. Un espacio en el computador. Sin sentido y desprovisto de alma.

Mi andar en el ultimo tiempo ha sido así. Vacío. Trabajo sin trabajar. Amo sin amar. Como sin comer. Porque no estoy presente. Y eso de ir un día a la vez, lamentablemente, no funciona en mi actual cotidianidad.

Existe una rabia individual. Algo así como un constante influjo de tensión y furia hacia mi mismo. Me encuentro, a veces, una mierda y otras un genio. No tengo matices y mi olvide del arcano catorce. La templanza.

Respiro poco y me doy cuenta que constantemente me estoy ahogando. Triturando mis pulmones con vaporizadores y humo de marihuana combustionando en una pipa de Pyrex.

No soy un villano, pero tampoco un héroe. Soy uno más de los tantos que pensamos en que la vida no tiene mayor sentido que este; respirar.

Todo lo que pasa a nuestro alrededor está completamente, fuera de nuestro control. Tenemos la posibilidad de influenciar nuestro devenir, pero la verdad es que no sabemos nada.

La ciencia nos nubla con estadísticas, las redes sociales con la mentira y las fake news. Los gobiernos nos manipulan para hacerle justicia a los poderosos y la elite. Y todo eso, como condición de vivir mejor. Pero, ¿qué significa vivir mejor?

Esta ha sido la promesa desde mediados de los sesenta en el mundo. Después de que llegó la televisión y se empezaron a disparar las balas de la injusticia en la guerra de Vietnam.

El despertar de los años sesenta, dicen que no fue más que una excusa para consumir drogas y escuchar música. Muchos, hicieron algo más que eso. Sin embargo, todo se perdió entre los presupuestos para “la guerra contra las drogas” y la censura de la iglesia católica.

Luego, las dictaduras de Latinoamérica comenzaron a horadar la fascinante idea de que todos éramos iguales. ¡Los humanos perdimos!

En Chile, cerca de 47 años después de la dictadura, seguimos eligiendo imbéciles para que nos gobiernen. Porque esperamos que la economía y el sistema nos levante de nuestra tumba desprovista de ideales y llena de dogmas.

Se acabo la verdad y llegó la pos verdad. Todo parece líquido. Pero no en la lógica de aquello maleable que ocupa el recipiente que lo contiene, se adapta. Sino más bien, en una triste e incesante sensación de falta de control

Nos transformamos en líquido, pero hemos destruido los cimientos de nuestra humanidad y eso, nos tiene luchando unos con otros. Odiándonos, y ahora en medio de una pandemia, desconfiando de todo aquello que hemos construido.

Tal vez, si asumiéramos nuestra sombra y lucháramos por ponerla a vista y paciencia de todos, podríamos dejar de juzgarnos y predicar con el ejemplo. No obstante, colgamos nuestros premios y “virtudes” en marcos virtuales y relatamos nuestros logros como trozos inconexos de una bitácora incompleta. Porque nada nos representa y todos nos impacienta.

La verdad es que estas casi mil palabras, no son más que un juego para mi ego. Porque escribir prefiero, en vez de seguir leyendo imbéciles que como yo creen que van a cambiar el mundo por decir lo que piensan, en vez de hacer una vez por todas aquello que sueñan y no hacen por miedo a que no los quieran.

Somos, la mayoría, unos cobardes. Pero… miremos hacia adentro; aprovechemos este tiempo para cultivar nuestra Budeidad. Porque, a pesar de que deje de creer, confío en que en dicho adentro se encuentra el coraje que necesitamos para salir de esta y de aquellas que vendrán.

Nos juntábamos cinco días a la semana y descansábamos uno. Porque nuestras semanas solo tenían seis días.

Compartíamos valientes discusiones sobre nuestros objetivos y visiones. Desaparecimos del mapa por cinco años y un día. Y salimos, con lo que creíamos era la idea perfecta.
Lo que nunca supimos, ni quisimos ver, era lo que necesitaba y quería el resto.
Levantábamos el dedo del medio para mencionar nuestro descontento. Tirábamos y tirábamos escupitajos a las modestas estatuas del “sistema”.

Fuimos reyes sin guarida y profetas en nuestra propia tierra, y no quisimos alcanzar nuestra más alta cumbre.
Sucumbimos ante la rabia. La empatía sospechó de nosotros. Barrimos con el teatro de lo absurdo y observamos desde lejos la desaparición de nuestra especie.

¿Cuánto pudimos hacer nosotros? ¿Cuánto, hiciste tú?

Creamos un concepto. Sustituimos lo uniforme por lo simple y lo auténtico. Disfrazamos de poetas a delincuentes y sin quererlo, eternizamos nuestras mentiras en mundos virtuales.
Hasta acá, nada nuevo aparece. El llano.

En algunos momentos nos quedamos sin ideas. Pero las interrupciones del bullicio nos conectaron con la forma.
Creamos una ciencia para entender cómo asignar nuestros recursos. Asumiendo que eran nuestros.

Definimos los axiomas de un método para calcular cifras. Y postergamos la ilusión de compartir.
Todo se fija como una baranda en la escalera.

Debimos partir por hablar de nosotros. Y dejar de pintar las paredes con tintas, mediante utensilios. Recolectamos y plantamos nuestras expectativas y le dimos color a la esperanza.

Supimos que necesitábamos una nueva fuente de energía.

El poder en la ciudad se obtiene desde la altura. Te permite ver todo el panorama. Despierta la imaginación y te toma por sorpresa.

A veces, cuando miro a los que caminan pienso en cual es su dirección. Hacia donde irán. Será que fantasean con una vida mejor o solo se mueven por la inercia.
Que difícil es la empatía. Ponerse en los zapatos de otro requiere un esfuerzo tremendo.

Mientras escribo esto, mi perra me acompaña. Sonríe y mira en dos patas, desde el balcón, que pasa afuera. Un perro ladra y ella, ahora a mi lado, solo se pregunta, creo; cuando volverás a mi.

Una compañía demandante, pero hermosa. Que no tiene mayores pretensiones que uno, su “dueño”, comparta con ellos sin cesar. Este ahí presente en el minuto.
Mira estoy aquí.

Esta es una idea en proceso…

Después de leer, por segunda vez, “The Survival of the Richest” un post de Douglas Rushkoff en la publicación ONEZERO, llegué a la siguiente conclusión; como ciudadanos comunes y corrientes no tenemos ninguna posibilidad de sobrevivir ante una crisis global como la que se viene. A excepción de que…

¿Por qué llego a esta terrible conclusión?

Esencialmente, porque ya existen ciertos billonarios que están pensando y preguntando como financiar sus bunkers, sus guardias personales y sus depósitos de comida para el día del “evento”.

Tal y como menciona Rushkoff en su columna, “los más ricos ya están planeando dejarnos atrás“.

La individualidad de estos “hermanos humanos” se vuelve innecesaria ponerla a prueba. Si bien no menciona sus nombres y tan solo son tres, considero que es una muestra ínfima pero representativa de lo que el exceso de riqueza individual ha generado en nuestra cultura global.


A excepción de que desarrollamos una estrategia de clusterización y representación ciudadana, que defienda nuestros intereses en lo relativo a la utilización de la tecnología con fines humanitarios y su aplicabilidad en diversos dominios de la vida cotidiana.

Debemos establecer un marco regulatorio que provenga de la ciudadanía, con el objetivo de contrarrestar el poder económico de los “poderosos”; debemos unificar criterios en clústers de transformación.

No solamente estamos invadidos de noticias y citas falsas. También, tenemos el grave problema de que ni siquiera podemos confiar en la falsedad de lo que leemos.

Si bien, el universo está regido por ecuaciones matemáticas que utilizamos para describir lo que observamos, hoy en la internet, los algoritmos no están  “simplemente” describiendo la realidad, sino que sobre-escribiendo y alterando el como la observamos.

Muchos de los “creadores” de esta nueva realidad, se arrepienten y mencionan que, de ser unos geeks outsiders luchando contra el “sistema”, se han transformado en los nuevos poderosos. Se han hecho millonarios descifrando como gestionar nuestra atención frente a una pantalla. Utilizando, posteriormente, dicha inteligencia, en nuestra contra. Todo lo anterior, ofreciéndonos “gratuidad” por estos sin duda valiosos servicios.

Dejé de creer en las conspiraciones hace un tiempo. Sin embargo, y a pesar de lo anterior, asumo y me hago cargo de la connotación conspiratoria que esto tiene. No obstante, no somos victimas. Sino que, como siempre, hemos preferido la comodidad que es innata al ser humano.

Frases como “Ok Google” y “Oye Siri”, demuestran mi punto. Dejando ingresar a nuestros hogares y bolsillos, nuevas formas de inteligencia que, sin duda alguna, aprenden de nuestra comodidad y luego nos persiguen a través de la red, a través de las famosas “cookies”. Todo lo anterior, con un solo fin; el intercambio de la más poderosa abstracción de todas, el dinero.

Lograremos establecer conexiones sin la necesidad de dejar huellas en servidores y ser perseguidos por nuestras acciones (esta especie de karma instantáneo, codificado de manera binaria y desprovisto de “humanidad”).

Este texto, más que una crítica, es una descripción de lo que está ocurriendo. Tengo Gmail, Chrome, iPhone y utilizo Facebook e Instagram, entre otros. Y veo, como mi paso por el vasto mundo del internet deja mis huellas fijas en algún servidor de una ficticia nube. Que dicho sea de paso, no puede estar más alejada del cielo.

Considero, muy importante destacar que, a pesar de todo lo que he descrito, tengo la secreta certeza de que vendrá una crisis tremenda. Que dará paso a un futuro transhumanista no distópico. En el cual la ciencia y la tecnología, en conjunto con la espiritualidad -alejada de la religiosidad y el dogma- sentaran las bases de una nueva cosmovisión.

Lograremos establecer conexiones sin la necesidad de dejar huellas en servidores y ser perseguidos por nuestras acciones (esta especie de karma instantáneo, codificado de manera binaria y desprovisto de “humanidad”).

Utilizaremos la tecnología como un medio de reconstrucción de nuestra desintegración cultural algorítmica y entenderemos que siempre hemos estado unidos; ya sea por ese famosos hilo rojo, el Tao o, el innecesario, Facebook.

Es que nos hemos demorado varios miles de años en considerar la posibilidad de que esto no es más que una ilusión; una abstracción matemática sin límites, de la cual no tenemos ningún control, somos tecnología universal.

Todo aquello que construimos, querámoslo o no, está  en la lógica de la replica individual. Ya que, lo único que medianamente conocemos es a nosotros mismo y dicha individualidad, solo limita y no nos permite trascender hacia lo realmente importante.

Se dice que los extremos son los punto más lejanos de una mis cuerda. En otras palabras, blanco y negro; amor y temor, no son más que opuestos complementarios en la “cuerda” de la vida.

Hoy, hemos decidido, en parte, que la tecnología y la espiritualidad son opuestas y nos encontramos en el clímax de dicha aseveración.

Las redes sociales “destruyendo” la fibra más elemental de nuestra sociedad. Interviniendo la intimidad de una generación que con gusto y sin precaución, se ha dejado llevar por la inmediatez y el deseo de ser admirados.

Sin embargo, esta generación, de la cual me siento totalmente parte, cree que dicha admiración viene a ser un elemento central de la existencia. Es decir, el mero hecho de haber –si quiera- nacido, impone un mandato de admiración (confundida con fascinación).

Nuestra tolerancia a la frustración, por consiguiente, no es más que una expectativa de los “adultos”; un vacío que nos aísla de la verdadera posibilidad de convertirnos en sujetos dignos de la admiración de nuestros pares.

En dicho afán de fascinación, perdemos la capacidad de enamorarnos, alimentar positivas relaciones de amistad y, en dicha lógica, nos quedamos solos. Con una exacerbada virtualidad que, sin previo aviso, puede convertirse más bien en una necesidad y no tanto un placer.

El vicio y la decadencia, manifestaciones de la desidia y el descuido post adolescencia, se adelantan en su cronología. Convirtiéndonos, a los treinta y tantos, en reliquias sin compromiso; absurdos seres sin pasión ni mesura. Una constante contradicción, en tanto parecemos y no somos.

Los procesos de deconstrucción personales y sociales ya no logran diferenciarse, estableciendo límites imaginarios entre lo que está afuera y aquello que está adentro. Somos, en parte, lo que otros quieren y un reflejo póstumo de las expectativas de nuestros padres.

El extremo complementario de la crisis existencial, a mi juicio, sería la paz interior. No obstante, me parece tan complejo definirla. Si bien, creo que no existe tal dimensión –considerada y ansiada por algunos como estática- conceptual llamada felicidad. Estoy seguro que al interior debiese quedar un espacio, literal, que favorezca el nacimiento de un modelo personal e indiscutible de lo que para uno implica dicha paz.

Es así, que la crisis existencial en la que nos hemos visto envueltos, no es más que una consecuencia de la falta de límites. Siendo incapaces de optar por una autopercepción egoíca necesaria para la definición de un personal alguien.

Debilitados por la ausencia de frustraciones en lo relativo al tiempo y a la espera, creemos que la satisfacción del impulso está por sobre la estructuración de una fuente interna de reconocimiento.

Hemos sido espejos de una generación dañada por la dictadura y limitada por fuerzas externas que pusieron en duda la frágil vida. Todo basado en aquella fuente interna de reconocimiento.

Se castigaron los pensamientos, las ideas y las definiciones que fuesen distintas a la del “padre”. Con madres ausentes, emocionalmente, por la insistencia y violencia de este ideal masculino que remeció y continua remeciendo, la rutina y el quehacer de la sociedad.

Es cierto que hemos avanzado en materia de libertades, pero no somos capaces hoy de restablecer los límites o definir nuevos.

Tanto así, que el exceso se manifiesta hoy en enfermedades como la obesidad y el cáncer; y también, en el calentamiento “exagerado” de nuestro planeta. Todo por falta de límites.

El problema de la confianza y la aparición de las fake news y la posverdad, también se relacionan a la “consideración de infinitud” que se presenta en la era digital.

Internet no tiene límites; el dinero, tampoco. Y es en esta lógica que se asume que ciertos recursos, como los alimentos, el agua, los minerales, solo por mencionar algunos, operan en la misma lógica, confundiendo abundancia con exceso.

Fuentes de la FAO y otras organizaciones internacionales establecen que cerca de un tercio de los alimentos que se generan al año se convierten en basura. No obstante, un porcentaje altísimo de la población no tiene que comer o come hasta convertirse en una bola de grasa.

¿Dónde se dibuja la línea, si es que nadie nos ha enseñado a definir límites alejados del miedo?

Las religiones y otras formas de culto y dogma, ha sido las precursoras en establecer los miedos de los que somos “víctimas”. Consiguiendo, en el corto plazo, cerca de dos mil años, que nos comportemos de una manera adecuada en relación al otro y nosotros mismos.

Bajo amenazas, hemos crecido creyendo que la única manera de autodefinirnos es utilizando un “monstruo” externo que adquiera las dimensiones de un padre poniendo orden y satisfaciendo su necesidad de control.

Entonces, hemos aprendido del control creyendo que es libertad y del miedo, confundiéndolo, con amor.

Hemos recibido una educación de extremos complementarios, vistos desde un lugar de subyugación estancados en una lógica inmadura, llevando el proceso de maduración y adultez hacia una inevitable transformación: el padre castigador, hoy (desde los 60s) conocido como el patriarcado.

Escapar es posible, pero requiere de tolerancia a la frustración, amor y coraje. Y como dije anteriormente, nada de lo anterior nos pudo ser enseñado.

A veces, la historia de otro nos conecta con la nuestra. Aquí les cuento la mía.

Muchas personas en mi vida me han dicho que puedo entregar más; que puedo ser más. Que me estoy perdiendo. Que con mi inteligencia y mis ideas debería estar en otro lugar. Que les gustaría que hiciera tal o cual cosa. Que no se nota mi esfuerzo y que podría hacer todo de otra manera, si confiara más en mí.

En primera instancia, me surge la necesidad de defenderme, de establecer que doy lo que más puedo y que tengo claras mis falencias; que no necesito a nadie que me las repita una y otra vez, y por su puesto, la falta el apoyo de mi entorno. Que no puedo solo, pero que tampoco sé en quien apoyarme. Al fin y al cabo, explicaciones.

Sin perjuicio de lo anterior, hace varios años me he estado replanteando todas estas frases y concepciones, tanto personales, como de terceros, en relación a mi manera de enfrentar la vida. Y debo decir lo siguiente: cambié. Ya no soy el mismo que era hace un segundo atrás y menos el que era hace 3 años atrás. Ha sido mi responsabilidad no dar aviso de mis nuevas fantasías y sueños, como también de mis nuevas necesidades y proyectos.

Tengo dificultades para tomar decisiones. Me entrampo entre mis ganas y mis excusas para no fallar. Así como también, cuando he logrado superar dichos miedos, puedo encauzar mi camino hacia el destino. Me hago camino al andar, pues no puedo –por lo mismo- planificar mucho. Tengo mis oscilaciones de temperamento y mi estado de ánimo, en general, es alegre pero nostálgico. Las nostalgias de mi existencia tienen que ver con el coraje. Me ha faltado coraje en ciertas situaciones, para afrontar la esencia de mis sombras. Sin embargo, he forjado un carácter -en parte- dócil y dispuesto a aprender, pero no de cualquiera. Soy selectivo; más bien, específico.

Me cuesta confiar en mí mismo, por lo tanto, me cuesta confiar en otros. Ahí mi tema con la lealtad. La falta de lealtad conmigo mismo, repercute en mi sensación de la lealtad de otros para conmigo. No he resguardado mi ser de una manera muy prolija. Más bien, he decidido restarme (pasarme a llevar) para no entrar en conflictos.

Mi accionar, a veces, es “tibio” porque estoy buscando el balance. No el equilibrio. Estoy muy conectado con el deber ser; con aquello que percibo se espera de mí. No obstante, estoy trabajando para distanciarme de aquella limitación. ¿Por qué limitación? Porque me resto de conocerme y de ser, como también, resto al mundo de disfrutar de mi individualidad. Nadie debería sentirse en la facultad de restarse del todo sin preguntarnos. Yo tampoco soy la excepción.

Muchas veces he hecho cosas que no quiero o no me hacen sentido, para darle en el gusto a mis parejas, amigos, padres… estos últimos, por sobre todo el resto. ¡He confundido lo anterior con amor! Más importante aún, estoy desaprendiendo y aprendiendo a amar. Quiero hacerlo “bien” y eso está “mal”. Nuevamente, aparecen mis expectativas con respecto al cumplimiento de las de otro. Quiero evitar dañar como lo hicieron conmigo. Estuve en terapia por más de 10 años, intentando “corregir” algo.

He llegado a la conclusión vital de que aquello que no fluye no me hace sentido y lo que no me hace sentido, me daña.

Sin embargo, no hay nada que corregir en mí, porque me he dado cuenta de que, junto con lograr cierta consciencia, ha devenido en una baja de mis expectativas sobre mí mismo y sobre la vida, y por ende, sobre los demás. Con esto no quiero decir que no quiero crecer ni desarrollarme, sino que estoy en proceso de aceptación de mí mismo. Me estoy integrando; coincidiendo conmigo. Con esto dejo de ser víctima y me hago cargo de mí, en mi totalidad. Estoy dispuesto a estar solo, acompañado, arriba, abajo, etc., siempre y cuando una sola premisa se cumpla; estar tranquilo, en paz y en armonía conmigo mismo. Es decir, aceptándome.

¡Mi motor, en la vida, es el amor propio!

He llegado a la conclusión vital de que aquello que no fluye no me hace sentido y lo que no me hace sentido, me daña. Desde un tiempo a esta parte y en más, mi vida se regirá por este simple principio.

Posiblemente me escucharán y verán rompiendo compromisos adquiridos en el pasado, porque ya no me hacen sentido. Viviré a mi ton y son. En mi escala musical. Vibraré en mis frecuencias y lucharé por mi existencia. Porque mi lugar es, al igual que el de todos, único.

Este es un pequeño resumen de mi historia y mis aprendizajes. 


Sí algunas o todas estas palabras te hacen sentido, de una u otra manera, podríamos conversar. Porque podemos acompañarnos en el proceso, tal y como otros me acompañaron a mí.