Game Over, partamos de nuevo.

Considero que parte del cambio que tenemos que hacer como país es definir un límite a la ganancia.

¿Es necesaria una casa en la playa, un fundo, cuatro autos y un montón de otras cosas?

Hoy en día, amigos y conocidos pueden llegan a tener diez departamentos cada uno. Burlando al sistema a través de empresas que te lo permiten. A mi juicio, ellos: “ganaron su juego” y creo que eso debiese ser el principio del cambio. A la larga, ¿de qué te sirve tener tanto de más?

El argumento que muchos me han dado cuando planteo esta idea (que no es mía, by the way) es que no habría incentivo para correr los riesgos. Y yo me pregunto, ¿no es suficiente incentivo ocho departamentos, un sueldo de cinco o seis millones de pesos al mes, más retiros, en caso de ser empresarios? Muy por el contrario, considero que el gran incentivo sería tener más tiempo. Pero eso, es harina de otro costal.

Para los que puedan leer esto como que fuese un resentido, les cuento: provengo de una familia que, en general, ha tenido un excelente pasar. Pertenezco al 5% del país. Mi familia extendida tiene integrantes que han ganado mucho dinero; podría considerarlos millonarios ¡en serio!. También estudié en un colegio bilingüe y me “eduqué” en una universidad privada. He vivido rodeado de privilegios en un país que ha sido abusado social y económicamente durante años. Actualmente, trabajo en la empresa familiar y mi familia nuclear, también, ganó el juego. Sin casa en la playa, pero con varios autos, una casa con patio, retiros de utilidades, y alguna que otra inversión.

Quizás todo esto que escribo pareciera ser lo opuesto a lo que debiese escribir un “Ingeniero Comercial” y eso también es un problema. En ningún ramo, durante los 5 años que estuve en la carrera -curioso concepto y parte del problema-, se habló de sostenibilidad y futuro. Siempre se acotó a que la empresa fuese rentable, sin importar las consecuencias. Para ser justos, se mencionó que existía un ramo electivo llamado Responsabilidad Social Empresarial.

Vivimos en un planeta finito, contamos con una vida finita y con un tiempo acotado. No obstante, lo único que parece no tener limites es la capacidad de hacer dinero. Las leyes en Chile son echas a la medida por congresistas y diputados corrompidos por un tipo de hambre específico; la necesidad de agotar hasta la última posibilidad, o como lo dijo un senador, conseguir el raspao’ de la olla.

Es por todo lo anterior que, considero que lo mínimo necesario para solucionar esto es lo siguiente:

  1. Nueva Constitución
  2. Asamblea constituyente.
  3. Economía Social de Mercado.
  4. Estado de Bienestar.
  5. Altos impuestos, pero altos de verdad.
  6. Educación de calidad (es decir, que nos permita proyectarnos hacia el futuro) y gratuita en todos los niveles.
    1. Inglés obligatorio.
    2. Programación y ciencias de la computación obligatoria.
    3. Finanzas Personales obligatoria.
    4. Espiritualidad obligatoria.
    5. Meditación obligatoria.
    6. Y un largo etc.
  7. Aumentar el tamaño y mejorar la eficiencia del Estado.
  8. Otro largo etc.

Participar del proceso de desarrollo de las nuevas generaciones es tarea de todos. Y, hoy en día, son los súper-ricos (y los no tanto) los llamados a financiarlo. Muchos utilizarán el argumento de que lo hacen a través de sus impuestos. Sin embargo, todos sabemos que eso no es así.

Por último, si es que tanto les importa ganar, quédense con esto; ¡ya ganaron!

Pero como alguna vez leí por ahí, la felicidad es solo real cuando es compartida y el planeta y Chile los necesita desde un nuevo lugar.