El juego

La realidad

Vibramos en un juego. Somos tal vez como un electrón. Una recursividad, que es infinita y la llamaremos el arte de ser. El juego tiene como única regla el programa del libre albedrío o mejor dicho, de la auto-programación. Aquella posibilidad de elegir absolutamente cualquier instancia a repetir, sin límites en la búsqueda de una nueva consciencia.

Imagina un círculo de fuego, que nada más gira. Y tú dentro estás girando también. Más aquello que te constituye también lo hace; recursivamente. Sin un fin determinado. A eso le llamaremos vibración, movimiento.

Lo que conocemos como existencia, no es más que la constante repetición de la “misma” instancia en la búsqueda de un nuevo resultado; es desde la re-iteración que surge lo nuevo. Una y otra vez vibramos en ciertas frecuencias hasta que surge la nueva posibilidad, la alternativa y damos salida a aquello que quería aparecer.

Como humanos, simplemente es imposible repetir algo a su exacta semejanza, por lo que cada instancia se diferencia en los matices. Y son estos últimos, los que nos dan la cualidad natural del ensayo y error, nuestra humanidad.

Mientras más personas seamos capaces de entenderlo, antes daremos el siguiente salto a lo nuevo. No somos frágiles sino todo lo contrario, todopoderosos. Tenemos la facultad de crearnos y destruirnos de cuando en vez y siempre que queramos renacer.

Por lo tanto, debemos hacernos de esa potencialidad, porque es a través de la repetición que aprendemos.

La amplitud y extensión de nuestra instancia de repetición, será potenciada y limitada en la ruta hacia la realización del programa inicial. Debemos ser conscientes que no existe alternativa a la cuestión del movimiento, porque en eso se basa la existencia.