¡Aprendiendo a ser yo mismo!

A veces, la historia de otro nos conecta con la nuestra. Aquí les cuento la mía.

Muchas personas en mi vida me han dicho que puedo entregar más; que puedo ser más. Que me estoy perdiendo. Que con mi inteligencia y mis ideas debería estar en otro lugar. Que les gustaría que hiciera tal o cual cosa. Que no se nota mi esfuerzo y que podría hacer todo de otra manera, si confiara más en mí.

En primera instancia, me surge la necesidad de defenderme, de establecer que doy lo que más puedo y que tengo claras mis falencias; que no necesito a nadie que me las repita una y otra vez, y por su puesto, la falta el apoyo de mi entorno. Que no puedo solo, pero que tampoco sé en quien apoyarme. Al fin y al cabo, explicaciones.

Sin perjuicio de lo anterior, hace varios años me he estado replanteando todas estas frases y concepciones, tanto personales, como de terceros, en relación a mi manera de enfrentar la vida. Y debo decir lo siguiente: cambié. Ya no soy el mismo que era hace un segundo atrás y menos el que era hace 3 años atrás. Ha sido mi responsabilidad no dar aviso de mis nuevas fantasías y sueños, como también de mis nuevas necesidades y proyectos.

Tengo dificultades para tomar decisiones. Me entrampo entre mis ganas y mis excusas para no fallar. Así como también, cuando he logrado superar dichos miedos, puedo encauzar mi camino hacia el destino. Me hago camino al andar, pues no puedo –por lo mismo- planificar mucho. Tengo mis oscilaciones de temperamento y mi estado de ánimo, en general, es alegre pero nostálgico. Las nostalgias de mi existencia tienen que ver con el coraje. Me ha faltado coraje en ciertas situaciones, para afrontar la esencia de mis sombras. Sin embargo, he forjado un carácter -en parte- dócil y dispuesto a aprender, pero no de cualquiera. Soy selectivo; más bien, específico.

Me cuesta confiar en mí mismo, por lo tanto, me cuesta confiar en otros. Ahí mi tema con la lealtad. La falta de lealtad conmigo mismo, repercute en mi sensación de la lealtad de otros para conmigo. No he resguardado mi ser de una manera muy prolija. Más bien, he decidido restarme (pasarme a llevar) para no entrar en conflictos.

Mi accionar, a veces, es “tibio” porque estoy buscando el balance. No el equilibrio. Estoy muy conectado con el deber ser; con aquello que percibo se espera de mí. No obstante, estoy trabajando para distanciarme de aquella limitación. ¿Por qué limitación? Porque me resto de conocerme y de ser, como también, resto al mundo de disfrutar de mi individualidad. Nadie debería sentirse en la facultad de restarse del todo sin preguntarnos. Yo tampoco soy la excepción.

Muchas veces he hecho cosas que no quiero o no me hacen sentido, para darle en el gusto a mis parejas, amigos, padres… estos últimos, por sobre todo el resto. ¡He confundido lo anterior con amor! Más importante aún, estoy desaprendiendo y aprendiendo a amar. Quiero hacerlo “bien” y eso está “mal”. Nuevamente, aparecen mis expectativas con respecto al cumplimiento de las de otro. Quiero evitar dañar como lo hicieron conmigo. Estuve en terapia por más de 10 años, intentando “corregir” algo.

He llegado a la conclusión vital de que aquello que no fluye no me hace sentido y lo que no me hace sentido, me daña.

Sin embargo, no hay nada que corregir en mí, porque me he dado cuenta de que, junto con lograr cierta consciencia, ha devenido en una baja de mis expectativas sobre mí mismo y sobre la vida, y por ende, sobre los demás. Con esto no quiero decir que no quiero crecer ni desarrollarme, sino que estoy en proceso de aceptación de mí mismo. Me estoy integrando; coincidiendo conmigo. Con esto dejo de ser víctima y me hago cargo de mí, en mi totalidad. Estoy dispuesto a estar solo, acompañado, arriba, abajo, etc., siempre y cuando una sola premisa se cumpla; estar tranquilo, en paz y en armonía conmigo mismo. Es decir, aceptándome.

¡Mi motor, en la vida, es el amor propio!

He llegado a la conclusión vital de que aquello que no fluye no me hace sentido y lo que no me hace sentido, me daña. Desde un tiempo a esta parte y en más, mi vida se regirá por este simple principio.

Posiblemente me escucharán y verán rompiendo compromisos adquiridos en el pasado, porque ya no me hacen sentido. Viviré a mi ton y son. En mi escala musical. Vibraré en mis frecuencias y lucharé por mi existencia. Porque mi lugar es, al igual que el de todos, único.

Este es un pequeño resumen de mi historia y mis aprendizajes. 


Sí algunas o todas estas palabras te hacen sentido, de una u otra manera, podríamos conversar. Porque podemos acompañarnos en el proceso, tal y como otros me acompañaron a mí.

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