My life’s process

32 years of life, 16 years of transformation and 10 lessons.

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  1. I’m in the process of accepting who I am. Nowadays, I have more willingness and empowerment to DOING my OWN stuff.
  2. I’m aware of my feelings. Nowadays, I’m more open to accepting whatever my feelings are and trying not judge them.
  3. I enabled myself to forgive… me. I’m my own worst and wildest critic. My mistakes have gotten me where I’m now, but it has only been a very short period time since I really understood and embodied that.
  4. I enabled myself to say sorry. Nowadays, I try to accept my mistakes and ask for forgiveness.
  5. I’m not fully enabled to forgive others, yet. Sometimes I find myself resenting very old situations and reliving the anger, frustration and pain. This is surely a WORK IN PROGRESS.
  6. I’m aware of my limitations. I got a lot of issues getting my head around this. I can do whatever I want, but, I need to set the standard according to who I am and the trade offs.
  7. I’m letting art and creativity just flow. No judging, just doing.
  8. I’m no longer afraid to showing my work. Eight years took me to upload my writings, drawings and other expressions of who I am.
  9. I’m taking over my life. Being conscious of some aspects of oneself is a one way journey. You can fool yourself, but you can never go back to a former state of ignorance. That’s taking over!
  10. I’m trying to being grateful. I’m learning to see happiness and suffering as opportunities for moving oneself to peaceful states of mind; and having that chance, is what I’m really grateful for.

Thank you very much for reading this. If it makes sense or not, please comment and recommend.

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¿Quiénes somos en el trabajo?

Es la falta de empatía en el trabajo lo que nos devora el alma. La individualidad en la estructura de nuestras compañías es mortal. Se nos ha olvidado que, parte de la evolución ha venido acompañada del desarrollo de lo que llamamos sociedad. Este constructo que nos permite realizar “colaboraciones” entre los individuos que la integran.

La especialización es una enfermedad que deja fuera la maravillosa rutina de lo humano. Lo humano, entendido como la potencialidad de resolver toda clase de “problemas”. Es que ya no somos multi culturales, ni tampoco una variante disciplinada de lo que conocemos como multitarea. Sino más bien, nos hemos convertido en accionadores de tareas sin propósito en pos de una maquinaria gigantesca.

¿Qué sugieren para cambiar esto? ¿Cómo podríamos, desde la individualidad, solventar esta realidad?

Es la naturaleza humana

Para mí, el acto creativo consciente trasciende la sensación de impotencia y me permite apreciar, deconstruir y aceptar con coraje mi propio devenir.

Hoy escuchando la canción de Michael Jackson, Human Nature, me llevé la sorpresa de la historia que inspiró dicha canción.

El creador, Steve Pocaro, contaba que su hija había llegado del colegio preguntándole por qué su compañero de clases la había agredido. A lo que su padre respondió: muy probablemente le gustas, pero lo más importante de todo, es que es parte de la naturaleza humana.


Una de las cosas que más me gusta de nosotros los seres humanos es como, a través del arte, conectamos aquello que no podemos entender y lo transformamos en una nueva expresión simbólica.

Creo que toda clase de arte desnuda la intimidad del creador en pos de la expresión de aquello que lo inquieta.

Todos somos artistas en lo relativo a la posibilidad de crear o establecer un nuevo puente frente a hechos, sensaciones o emociones que nos remueven. La creatividad, como fenómeno personal y social, nos vincula de manera eterna con el todo desde la profundidad del ser. Puesto que, es en esta “desnudez” que habitamos realmente nuestra condición de seres conscientes.

Para mí, el acto creativo consciente trasciende la sensación de impotencia y me permite apreciar, deconstruir y aceptar con coraje mi propio devenir. Utilizando todos mis recursos y recordando (volviendo a pasar por el corazón), con un solo objetivo: mostrar, decir y transformar mi energía.

Al fin y al cabo, es nuestra naturaleza humana, como raza, visualizar aquello que no tenemos a mano o que no podemos explicarnos e intentar darle algún sentido. La gran mayoría del tiempo son metáforas que resuenan con nuestra existencia. Empoderandonos y permitiéndonos, en suma, comunicarnos.

Paronoia de un caminante

Visito lugares algunas ciudades
esas que dejan el cielo al mismo sol.
Unas pocas almas perdidas, unas cientas caídas
que no escapan por miedo a morir.
Aunque saben que no hay peor enemigo
que esa pobre situación de auxilio
cuando todo el terror se te viene al corazón.

Seguí caminando, pase un armario
me dicen mejor canta tu.
Esas gotas de frío, un silencio perdido
escuchando la voz del adiós.
Aunque saben que no hay peor camino
que esa pobre situación de auxilio
cuando todo el terror se te viene al corazón.

Estás desnudo.
Estás aquí.
Donde todo siempre es mudo.
Donde todo siempre es así.
Déjame gritar, déjame gritar.

La vacuidad

Lo que entiendo de…

La vacuidad o el “vacío”, es la no-dualidad. Es decir, se elimina la distinción por oposición del sujeto-objeto. Por lo tanto, el observador del fenómeno es parte constituyente del mismo.

De acuerdo a Heisenberg, “lo que observamos no es la naturaleza misma, sino la naturaleza expuesta a nuestro método de cuestionar”. Es decir, la realidad es una proyección de la mente basada en la interpretación de ésta última a razón de su paradigma.

Cada uno de nosotros tiene la posibilidad cierta de colapsar los fenómenos que deseamos, mediante el pensamiento. Puesto que estamos interconectados con el todo, a través de nuestra participación en la existencia.

Sin el participante, la realidad es todo potencial.

Desde este lugar, cobra mayor sentido la incorporación de la meditación como método de aquietación de la mente y a su vez, la concreción de la práctica del silencio, puesto que el uso de la palabra es una proyección más de la mente y por lo tanto, no alcanza a dar cuenta de lo que es la realidad en si misma.